(Así, del brazo asida, te alejas, ajena a la espera te alejas...)
-Creo firmemente en que un ave más digna debe coronar el escudo de armas del pequeño país- dices al despegarte de la pared, limpiando mis labios con tus dedos.
-Sería igual. Nadie abandonaría su vocación de carroñero- te respondo, ajustando mi ropa.
En tanto quizá la fiesta haya acabado y nuestros rostros ya no registren la prisa y el sudor del momento...
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